El Tenerife recuperó, en Ferrol, el brillo que necesita un favorito para demostrar su rol. Los blanquiazules se sacudieron la pequeña crisis abierta tras las derrotas, y, sobre todo, la pésima imagen del equipo, ante Unionistas y Barakaldo, con un triunfo de mucho prestigio en la que, a priori, debe ser la visita más complicada de la temporada.

Y mucha culpa del buen partido de A Malata la tuvo un Cervera que acertó, por fin, a cambiar el sistema ante el otro gran aspirante al ascenso directo, con un 4-2-3-1 mucho más familiar para el técnico tinerfeñista, que, por el camino, introdujo a Nacho Gil por detrás del punta, una decisión que fue absolutamente determinante ya desde la primera parte, cuando el pequeño y talentoso atacante blanquiazul volvió loca a la defensa ferrolana.

Una victoria de quilates que refuerza el empoderamiento del equipo, que, por el camino, afianza su liderato y le asesta un golpe muy importante al que debe ser su rival directo por el ascenso a Segunda por la vía rápida. Son 22 los puntos que suma el cuadro chicharrero, justo antes de afrontar un doble compromiso como local, en Santa Cruz, ante los filiales de Athletic de Bilbao y Celta.

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