La Gárgola de Rafa Muñoz: 'La generación Quevedo'

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En la dosis de la política rabanera de y tu más, les recuerdo a los peperos de mocasines, y pulserita de Spañistan, que ya un tal Feijoo, versión hialurónica de Rajoy, tuvo sus paseos en lancha con algún personaje sacado de la serie Fariña.  Sí, está loca la derechita desnatada, y acomplejada, de naftalina, y catecismo, por Moncloa, y azuzan cualquier cacería política, al calor de la prensa amarillista con periodistas pezuñeros al teclado, para sacar rédito electoral. Ya les he dicho a los Borjamaris, y las cucas…gamarras, que cuando se te nota mucho que a la titi te la quieres calzar, sólo te la vas a cascar. Si, los peperos dominan el juego, y los sociatas ganan el partido. Dos denominaciones de origen del mismo chorizo.

Miren, si alguien ha denunciado las bacanales socialistas, las Yessicas mantenidas por Sugar Daddies con aspecto de José Luis Torrente, esa ha sido La Gárgola; la misma que eleva el principio de inocencia, hasta que un magistrado demuestre lo opuesto; y me vale para el virrey Torres, para Gustavito Sensación de Vivir 90210, o cuando me sienten a mí, por burla crónica, y lista de nombretes oficiales a la clase política, frente a un magistrado, que tendré la desgracia de que sea una podemita sin depilar. En mi defensa, argumentare que siempre fue con cariño, sin mala intención.

El carril bici de la capital b de Canarias, se ha convertido en la doble fila de toda la vida, gracias al dúo sacapuntas del urbanismo Pin y Pon. Un aznarin AliExpress, y un canarión arrepentido. Dos nostálgicos de los monumentos al Tío Paco, que si pudieran, podrían al Dragon Rapide en las ramblas como bien cultural. Si, las ramblas, siempre amanecen cara al sol, pues van hacia el este.

Canarias registra el mayor número de aprobados de La galaxia en la selectividad. La generación Quevedo, una romería de ofendidos que en su mayoría tiene serios problemas para redactar 100 palabras con cierto sentido, como La Gárgola, evidencian dos cosas, el cuasi aprobado general que vivimos, vendido cual éxito intelectual de la universidad para todos, y que el papel, igualmente, todo lo aguanta. Aún recuerdo mis días de docente, siendo interrogado por las inspectoras kagebianas de la rectora Rosi almogrote, por no tener un mínimo de aprobados.

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